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22
Jul 10

La Venganza del Libro

Hacia el año 300 de nuestra era se produjo una revolución tecnológica importante: los rollos continuos de pergamino (llamados volúmenes) dieron paso a un nuevo formato: el códice. Se pasaba de un formato continuo, a un formato fraccionado, en el que la información se dividía en páginas de tamaño fijo.

Había nacido el libro como tradicionalmente lo conocemos.

Durante los siguientes 1700 años, nuestra cultura se ha acostumbrado a este formato cerrado: un tamaño fijo en dos dimensiones, una determinada cantidad máxima de información por página y un número variable de páginas. De ese modo, la información se hacía digerible. Se creaba un contexto, unos límites al esfuerzo necesario para el aprendizaje.

El transcurrir de los siglos vio la aparición de otras novedades tecnológicas relacionadas con la transmisión de la información: aparecieron los índices y las tablas de contenido, para facilitar la búsqueda de la información. Las ilustraciones para transmitir conceptos difíciles de describir. En el siglo XV Johanes Gutenberg, con el invento de la imprenta de tipos móviles, democratizó el acceso al libro abaratando su producción en serie. Posteriormente las fotografías, que no fueron sino un mero refinado de las miniaturas amanuenses del medievo, añadieron una nueva riqueza cognoscitiva a nuestros libros.

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Pero todo eso eran mejoras incrementales a la idea original: el libro, como elemento físico para contener y transmitir la información, con unos límites marcados, con unas dimensiones comparables con nuestras manos. Es decir, la información humanizada y solidificada en los libros.

Avanzamos rápidamente al siglo pasado. En los años 80 del siglo XX, en el CERN tenían un serio problema: conectar todas las referencias cruzadas que aparecían en las distintas publicaciones científicas que generaban casi de forma continua. Buscar en los índices del Physical Review Letters es pasionante cuando eres un estudiante en tu licenciatura, pero cuando día a día, para desarrollar tu post-doc o directamente tu trabajo de investigación, necesitas hacerlo, la cosa se convierte en un verdadero coñazo.

Así, que un perezoso investigador, hizo lo que mejor suelen hacer las mentes ágiles y perezosas: resolver el problema, para no tener que trabajar más en él. Y de ese modo Tim Berners-Lee creaba un nuevo formato: el hipertexto.

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Con lo que posteriormente pasó a ser el HTML y toda la infraestructura que hoy en día soporta la World Wide Web, parecía que se había puesto fin a casi dos mil años de predominio del libro como contenedor de información. En la web no existen los límites físicos, no existe el formato de tamaño delimitado. Nada tiene tamaño fijo, todo está entrelazado.

¿Necesitas aclarar un concepto? Ya no es necesario poner una nota al pie o una referencia a otra publicación al final del trabajo, un simple hiperenlace embebido en el documento es todo lo que necesitas.

¿El texto es más grande de lo previsto? No hay problema, las páginas web son ilimitadas, tienes las barras de scroll para moverte por ellas… retornando al rollo continuo y olvidándote del libro. De paso añade un par de columnas a los lados del texto principal con notas al margen, ideas complementarias, ayudas a la navegación, un índice de publicaciones anteriores, enlaces a sitios interesantes, anuncios!, claro que sí, moneticemos nuestro trabajo, vamos a poner anuncios. Y de vez en cuando, un gatito que son muy monos y le gustan a todo el mundo.

¿Quieres dar tu opinión sobre el texto? No hay problema, aquí tienes los comentarios. Y ya puestos, los agregadores y sus foros asociados para poder montar una conversación en torno al texto. Y en torno a los comentarios sobre el texto. Y ya que creamos el foro, pongamos unas barras laterales de ayuda. Y con anuncios. Y con gatitos.

Un momento… ¿no era el hipertexto de Berners-Lee un modo de simplificar el acceso a la información relacionada entre sí? ¿Como hemos podido llegar a esta situación?.

Alguien debió pensar que ya estaba bien de perder el tiempo accediendo a la información y así nació el RSS y los agregadores.

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Desaparecían todas las barras laterales, todos los gatitos, todos los comentarios y me quedaba de nuevo con el texto. Los programas creados para leer estos RSS empezaron a formatear los textos con un estilo sospechosamente familiar. Texto con alguna imagen embebida. Empezaron a cuidar la tipografía. De nuevo nos encontrábamos con un paradigma familiar: porciones de información textual mas o menos acotada y limitada a páginas (las entradas individuales que vienen en los RSS). La única diferencia es que ahora cada página puede tener una longitud diferente.

Pero el primer paso estaba dado. La cacofonía de la web colorista y desestucturada daba paso a un conjunto de páginas de tamaño limitado (aunque variable), formateadas del mismo modo para formar un todo uniforme: mi conjunto de entradas RSS. Compuestas en algo muy parecido a un libro. O si lo prefieres, a un periódico, por aquello de su variación diaria.

¿Y los comentarios? Bueno, recientemente la parte social de la red había empezado a despegarse de los textos. Hace unos años, en los blogs había entradas para los comentarios. Posteriormente se crearon agregadores como Meneame donde se publicaban comentarios que apuntaban a los artículos en sí y no al revés.

En la actualidad, en la red dominada por Facebook y Twitter lo que importa es la conversación y desde ella se enlaza a las diferentes fuentes de información. De nuevo la cacofonía. Mensajes en Twitter y Facebook que enlazan a entradas en otras webs, que de nuevo nos llevan a las barras laterales, los anuncios, las animaciones flash… los gatitos.

Y de nuevo nuestras renacen nuestras costumbres atávicas, metidas en nuestro modo de proceder por diecisiete siglos de ver libros: queremos simplificar la experiencia. Y sobre todo, queremos materializarla. Hacerla de nuevo humana. Poder tocar la información.

El paso al mundo físico comenzó hace ya algunos años. Primero con los lectores electrónicos de ebooks: La información digital, dejaba de ser algo que se consumía sentado delante del ordenador, para ser algo que se consumía en un libro electrónico, sorprendentemente similar en proporciones a los libros analógicos.

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Más recientemente, productos como el iPad han supuesto un pequeño avance incremental sobre el concepto del ebook: se añade color, se añade conexión permanente. Pero eso son menudencias, es como el paso de la biblia con miniaturas copiada a mano en la abadía Cistenciese al último catálogo de Louis Vuitton impreso a cuatro tintas sobre papel de 200gr.

Sin embargo, la unión del formato físico palpable y el deseo de evadirse de la sobrecarga informativa que supone el acceso a la web ha dado lugar a un movimiento curioso.

Primero fueron los lectores de RSS. Posteriormente aparecieron los servicios del estilo de ReadItLater o Instapaper que nos ayudan a optimizar nuestro tiempo durante la conversación: Estoy en Twitter y veo que me pasan un enlace a algo que parece interesante, pero que ahora no voy a consumir. Así que lo mando a uno de estos dos servicios que lo formatean de nuevo, simplificándolo, acercándolo al libro y me lo guardan para cuando tenga tiempo de leer.

El caso de Instapaper sobre el iPad lleva aún la analogía un poco más lejos. Elimina las barras de scroll, el volumen continuo en el que se había convertido de nuevo la información y organiza el contenido en páginas de tamaño fijo. Dos mil años para pasar del rollo continuo de papiro al libro impreso con páginas finitas, a la página web continua y virtual, a los sistemas de agregación de contenido y finalmente a la página finita, con su presencia física. En mis manos.

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Y ayer se produjo la última evolución (hasta el momento) en este concepto con el lanzamiento de la aplicación Flipboard para el iPad.

Ya no es necesario que navegue por la conversación y decida que almaceno o no para leer luego. Los servidores de Flipboard se encargan de ello. Y en lugar de navegar por un montón de mensajes desde los que se apunta a la información que cada uno de mis contactos considera oportuna, lo que obtengo al acceder mediante este programa es de nuevo una publicación tradicional. Entendiendo por tradicional el formato fijo. La página delimitada. Los artículos de extensión contenida. Bien es cierto que un simple toque sobre cualquiera de ellos me permite verlo en toda su extensión. O acceder a la información original.

Sus servidores se encargan de ver si los mensajes publicados por mis contactos contienen enlaces a imágenes o artículos y si es así, directamente componen un documento con ese contenido.

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Lo importante de todo este cambio de paradigma es que el acceso directo, el primordial, es mediante un libro. Sí, un libro electrónico, pero un libro al fin y al cabo. Un dispositivo que mantengo en mis manos y en el que voy pasando páginas una a una, accediendo a un nuevo trocito de información. Nuestro viejo amigo, de menos de un kilo de peso, con su tamaño de entre 1.5x y 2.0x veces el tamaño de nuestras propias manos. En la actualidad con contenidos vivos, cambiantes continuamente y que llegan a mis manos en fracciones de segundo desde el otro lado del planeta. Pero el acceso es primordialmente el mismo.

Ayer Flipboard supuso una revolución en Internet, cuando curiosamente lo único que hizo fue traer el libro a las redes sociales. Y es que el ser humano es un animal de costumbres y casi veinte siglos son muchos para olvidarlos en unas décadas.


30
Jun 10

Imprimiendo en la nube desde OS X, o Windows o Linux

NOTA: Actualizado con algunas propuestas para Windows y Linux de parte de Oswaldo

Mac OSX

La idea es que se pueden emplear los servicios de generación de PDFs del Mac OSX para crearnos una impresora en la nube. No, no se trata de imprimir documentos almacenados en la red, sino todo lo contrario: crear una impresora en tu sistema que realmente lo que hace es generar un PDF y almacenar esos ficheros en la red. De ese modo, cualquier programa de tu sistema puede imprimir a un formato neutro almacenado remotamente.

Además del Mac OSX necesitas un sistema de almacenamiento de ficheros en la red que te permita montar y sinconizar ese almacenamiento en tu máquina, como por ejemplo Dropbox o MobileMe. En mi caso utilizo Dropbox.

Cuando se imprime en Mac OSX, además de las opciones propias de las impresoras, aparece un submenú dedicado a la generación de PDF. De lo que nunca nos acordamos es de que ese menú es editable de una forma muy sencilla, sin más que crear entradas en la carpeta ~/Library/PDF Services/. Supongamos que tengo una carpeta dentro de Dropbox que se llama Documentos donde quiero almacenar los PDF. Los pasos a seguir son:

  1. Pulsando Cmd+Alt arrastro la carpeta Documentos a ~/Library/PDF Services para crear un enlace.
  2. Le pongo un nombre más descriptivo al enlace. En mi caso la he llamado Guardar PDF en Dropbox
  3. No hay tercer paso :)

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Es así de sencillo. Mac OSX nos mostrará en el menú desplegable de imprimir en PDF esa nueva opción. Si la seleccionamos se genera un PDF y se almacena en esa carpeta. Como esa carpeta está conectada a Dropbox, automáticamente se produce su sincronización y ya tenemos el documento “impreso” como PDF y almacenado en la nube.

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Eso mismo se puede hacer con un enlace al iTunes y ese PDF se almacenará en la sección de Libros de iTunes, listo para sincronizar mediante USB con un iPhone, iPod touch o iPad. De hecho, la idea se me ha ocurrido al leer este truco en macosxhints.com donde lo usan para meter PDFs en el iTunes.

Pero a mi me gusta más la opción de dejar el PDF en Dropbox para leerlo/verlo desde donde quiera sin tener que conectarme físicamente a un ordenador determinado.

Windows y Linux

En los comentarios, Oswaldo nos propone una solución para los otros operartivos

Para linux y Windows se puede usar una impresora virtual como PDFCreator aunque si usas como yo el Open Office ya te genera los PDF. Luego lo guardas en tu carpeta de Dropbox y automáticamente lo tengo disponible desde cualquier parte.

La solución más similar a la que propongo en Mac OSX es utilizar PDFCreator o similares, porque así no estás limitado a los formatos soportados por Open Office y lo puedes usar para cualquier programa capaz de imprimir. No es tan directo como tener “una impresora” directa a Dropbox, pero la funcionalidad es exactamente la misma.

Gracias Oswaldo!


2
Jun 10

Y ahora en la radio 2.0

Es decir, en un podcast. David Hernandez (@daboblog) y Oscar Reixa (@oreixa) a los que conocí en el pasado V Congreso Caborian en Gijón, me liaron para participar con ellos y con Gorka (@Lurphoto) en este número de Manzanas Traigo, el podcast sobre el mundillo Apple que emiten con periodicidad quincenal. Bueno, antes de eso tendréis que soportar a unos teloneros hablando de no se que deuda que tienen permantentemente (siempre están con el Debían arriba, Debían abajo, pero nunca les he oído hablar del Haber)

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La experiencia magnífica y muy divertida, aunque algo confusa… hacía muy pocas horas que acabábamos de ver el final de Lost y tanto Dabo como yo aún estábamos confusos ;). Eso y que hacía pocas horas que teníamos el iPad en nuestro poder (seis en mi caso). Y en ese tiempo tuvimos que probar varias cosas (yo el Camera Connection Kit, obsesivo que es uno) y comentar las primeras impresiones.

Al final, sorpresa. Pero mejor no la desvelo. Espero que os divirtáis tanto escuchándolo, como yo grabándolo, aunque reconozco que parece más una charla en la barra del bar que un programa informativo :)


31
May 10

Un iPad en mi Lowepro

No soporta discos USB, ni lápices de memoria USB. No se puede instalar el Photoshop. Lo digo así, de entrada y a bocajarro, porque de ese modo, todos a los que esto es lo único que les importa del iPad ya pueden dejar de leer el artículo. Y no, no, tampoco lleva cámara (con lo cual otro grupo abandona la sala).

¿Aún estás aquí? Bueno, entonces tengo bastantes cosas que contarte, porque desde este fin de semana, en el que he hecho una “prueba de campo”, el iPad se ha convertido en un residente permanente de mi mochila de material fotográfico. Y tampoco voy a hablar de lo bueno que es el iPad para leer libros de fotografía en formato PDF, o de lo interesante que resulta como portfolio, que de eso ya han hablado otros, incluso han publicado videos.

Yo voy a hablar del iPad como herramienta fotográfica.

Para ponerte en antecedentes, te diré que con cierta frecuencia imparto cursos de fotografía. En esos cursos hay una parte teórica y una sesión práctica. Esa sesión practica, en muchas ocasiones se desarrolla en exteriores: plazas públicas, parques, etc. Imagínate la situación: 20 o 30 personas arremolinadas entorno a mi sobre la pantalla de la 40D intentando ver la imagen que acabamos de tomar. Evidentemente, si pudiese sustituir esa pantalla, por la del iPad, con sus 9.7″ y su interface táctil, la cosa sería mucho más cómoda.

El iPad, tus fotos y la calle

Primero las malas noticias. Tienes que gastarte un poco más de dinero, en concreto 29€. Aparte de las aplicaciones de las que hablaremos luego, te hace falta un periférico: el kit iPad Camera Connection de Apple. El kit consta de dos pequeños adaptadores de plástico que se conectan al puerto universal del iPad.

ipadCameraConnectionKit.pngUno, que aún no he necesitado, porque mis cámaras no llevan ese formato, es un lector de tarjetas SD. El otro es un adaptador USB. Atención, que aquí se aplica directamente el primer párrafo de este artículo: el que lleve un adaptador USB no quiere decir que se le pueda conectar cualquier cosa. Si te fijas bien no hay un símbolo USB (el tridente), sino una cámara fotográfica.

De hecho el sistema operativo del iPad es bastante restrictivo. Cuando conectas un dispositivo de almacenamiento, como es una cámara digital, un lector de tarjetas (que no consuma mucho) o un pendrive, el OS lo monta y busca una carpeta llamada DCIM en el directorio raíz. Si no la encuentra, nos muestra un mensaje que indica “Dispositivo no soportado” y lo desmonta.

Por el contrario, si encuentra esa carpeta y además esa carpeta contiene imágenes automáticamente lanza la aplicación Fotos del iPad en la cual aparece una nueva pestaña “Camara”. Esta pestaña dio lugar a innumerables rumores antes del lanzamiento del iPad, pues en el simulador que viene con el SDK, esa pestaña aparecía activada por defecto en las primeras betas e hizo pensar mucha gente que el iPad sí que llevaría una cámara incorporada. Bueno, volviendo a lo que nos interesa, en cuanto aparece esa pestaña, la pantalla se llena de miniaturas con las imágenes contenidas en la cámara/tarjeta.

Y lo mejor es que no importa el formato. Pueden ser JPEG, RAW o JPEG+RAW. Al iPad le da igual. El caso más peliagudo es el de los JPEG+RAW pues en la tarjeta tenemos almacenadas dos imágenes. Sin embargo, el iPad resuelve la situación con soltura: muestra una única imagen, la etiqueta como JPEG+RAW antes de que la importemos e importa ambas.

El proceso de importación es muy sencillo. O tocamos en importar todas, o bien tocamos las imágenes que queremos importar para marcarlas y luego tocamos la opción de importar seleccionadas.

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En cualquiera de los dos casos el proceso de importación comienza inmediatamente. Un indicador de progreso empieza a girar sobre la miniatura de la imagen que se está importando y cuando está completamente importada aparece un checkmark verde sobre la imagen.

rafa.jpgLo mejor de todo es que el proceso se produce en segundo plano dentro de la aplicación Fotos. Podemos cambiar a otra pestaña y empezar a ver las imágenes que ya se han importado mientras el proceso continúa. Y eso nos da una velocidad tremenda cuando estamos “en el campo”. Aunque hablando de velocidad, lo que es increíble es la velocidad a la que el iPad es capaz de importar imágenes. Los RAW de una 5DMkII, sobre una tarjeta rápida, se leen en unos 3 segundos (a unos 7Mb/s). Eso quiere decir que tras conectar la cámara al iPad, en unos 4 o 5 segundos podemos estar viendo la primera imagen en la pantalla de 9.7″, ampliándola y comprobando detalles que en e LCD de 3″ de la cámara resulta complicado. Y mientras tanto, cada 3 segundos tenemos un nuevo RAW dentro del iPad.

Para ver las fotos en el exterior con un nivel de luz bastante elevado, el brillo de la pantalla tiene que estar al máximo. En esas condiciones, la visibilidad de las imágenes es perfecta. Como se pude apreciar en este detalle de la imagen anterior, el nivel de brillo de la piel en la pantalla del iPad es comparable al de mi propia piel.

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Si, ya lo sé, hay muchos reflejos. Ese es es inconveniente evidente de estas pantallas, pero por suerte el iPad es tan ligero que no cuesta absolutamente nada girarlo o moverlo a otra posición donde no tengas el reflejo. Por cierto, que hablando de girar el iPad, el modo de resolver los giros (de modo que la imagen siempre se ve de forma correcta, con independencia de la orientación del aparato) es genial para enseñar fotos a grupos. Da igual donde los tengas: delante, detrás a tu lado. Solo tienes que hacer que la pantalla del iPad apunte hacia ellos y no preocuparte, porque la imagen la verán siempre perfectamente orientada.

El problema de los RAW

Vale, el iPad nos permite importar RAWs a toda velocidad. ¿Quiere esto decir que el iPad es capaz de procesar los RAW?. Bueno, realmente no. No he encontrado demasiados detalles técnicos sobre como funciona (realmente ninguno) y por el poco tiempo que tarda al importar y la poca potencia de cálculo del dispositivo, es prácticamente imposible que se esté procesando el RAW. Todo apunta más bien, a que el iPad (en concreto la aplicación de Fotos) está extrayendo el JPEG que lleva embebido todo RAW y es esa imagen la que nos muestra. De hecho, el nivel de zoom al que podemos llegar no es el de la imagen completa, lo cual apunta en esa dirección.

Por desgracia el soporte para RAW en el resto de aplicaciones es bastante inconsistente. De hecho las aplicaciones de Apple fallan todas. Si has disparado exclusivamente en RAW tanto el correo, como las suite iWorks (Pages, Keynote y Numbers) te dejan seleccionar los RAW con el selector multimedia, pero luego te muestran un interrogante y unas aspas en lugar de la imagen.

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Por el contrario, TWittelator no tiene ningún problema en aceptar un RAW de tu librería y subirlo a Moby (no se si sube el RAW y Moby lo procesa o si primero extrae el JPEG y esa imagen la que se envía).

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Sin embargo no todo está perdido. La primera opción es disparar en RAW+JPEG, elijiendo para el JPEG el tamaño pequeño. Eso, en el caso de la EOS 40D, genera un JPEG de 1920×1280px, más que suficientes para cualquier uso que puedas darle dentro del iPad.

Otra cosa que rápidamente hechas en falta es la posibilidad de editar las fotos en el iPad desde Fotos. Cargas el RAW, ves la foto y piensas en que un determinado recorte, un ajuste de niveles o un balance de blancos le vendría muy bien. Pero la aplicación de Apple no te deja hacer nada de eso. Solo puedes ver las fotos o hacer un pase de diapositivas.

Por suerte hay una aplicación para ello y se llama Filterstorm. No busques la versión para Windows o para Mac. Ni si quiera existe para el iPhone, es una aplicación pensada y desarrollada entorno al iPad. ¿Que permite hacer? Bueno, pues nada más y nada menos que un tratamiento por zonas aplicando curvas. O un clonado. O un recorte. No, no es el Photoshop, pero es lo más parecido que he encontrado en el iPad. Te aconsejo que veas este tutorial grabado por el autor del programa:

Filterstorm Tutorial 2 from Tai Shimizu on Vimeo.

Y lo mejor, es que desde dentro de Filterstorm puedes “abrir un RAW”, aunque en realidad supongo que lo que haces es abrir el JPEG embebido o el asociado cuando has cargado una imagen en formato RAW+JPEG. Sin embargo eso resuelve nuestro problema anterior. Puedes disparar directamente en RAW, sin JPEG asociado y cuando necesites una imagen en concreto la abres en Filterstorm y la guardas. Eso generará un JPEG que ya puedes utilizar en cualquier aplicación

Realmente puedes empezar a “bocetar” tu imagen a los pocos segundos de haber disparado. E inmediatamente añadirla a una presentación, a un documento de texto (por ejemplo un catálogo) y enviarlo como PDF a donde quieras. Las posibilidades que esto abre para el trabajo de campo son ilimitadas. El iPad con su funda (imprescindible) cabe en prácticamente cualquier mochila y le añade solo unos 600gr (el peso de un objetivo más).

De momento, las limitaciones de memoria del iPad (solo tiene 256Mb de RAM) y algunos problemas (bugs) en el modo en que tratan las imágenes, limita el tamaño de las mismas. La versión actual de Filterstorm (la 1.2) guarda imágenes de 1800px de lado. El desarrollador, bastante activo en Twitter, está trabajando ya en la versión 1.4 en la que pretende llegar a los 2048px. En la versión 1.3 que está pendiente de aprobación por Apple ha añadido el gradiente a las opciones de máscaras de filtros. Por cierto, ya que hablamos del desarrollador, hoy mismo ha comunicado en twitter que la versión 1.4 llevará la posibilidad de añadir datos IPTC a las imágenes antes de enviarlas por e-mail o FTP (también en desarrollo).

Si tienes un iPad y te gusta la fotografía Filterstorm serán los mejores 1.59€ que te has gastado. Por ahora :)

La organización y la vuelta a casa

El sábado tuve la ocasión de importar imágenes de varias cámaras muchas veces a lo largo de la tarde. Me intrigaba ver como se lo montaría la aplicación de Apple para organizar estas imágenes. En primer lugar veamos que ocurre en el iPad. Cuando importamos imágenes con el Cámera Connection Kit, en la pestaña Álbumes aparecen dos álbums automáticos Ultima importación y Todo lo importado

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El nombre es completamente descriptivo y nos permite tener controladas rápidamente las imágenes que han pasado directamente al iPad a través del CCK.

El problema (o la ventaja) viene cuando miramos la pestaña Eventos, puesto que el iPad considera un nuevo evento cada nueva descarga y por lo tanto en lugar de unir las fotos de la misma fecha, las separa por cada una de las descargas realizadas:

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En mis cursos resulta una ventaja, pues tengo separadas las fotos de cada alumno, pero en el uso particular, puede resultar engorroso tener fraccionado el día por algo tan artificial como la descarga.

importando.pngVale, pero ahora llego a casa. ¿Como descargo todas esas imágenes?. En mi caso utilizo Aperture y la cosa no puede ser más sencilla: conectas el iPad al ordenador y desde Aperture aparecen todas las imágenes en la ventana de importación organizadas por los eventos que se han creado dentro del iPad. Y aquí es donde el iPad y Aperture empiezan a hacer cosas por su cuenta sin dejarme intervenir. Lo primero que ocurre es que no tengo la opción de decidir a que proyecto añado las imágenes que voy a importar. Como se puede apreciar la opción de seleccionar proyecto está desactivada.

proyectos.pngAperture ha reconocido los eventos almacenados en el iPad y los transforma directamente en proyectos. De momento, la única solución que se me ocurre es crear una carpeta en Aperture e importar dentro de ella todos estos “proyectos”.

Al menos la importación es completa, y dentro de Aperture me aparecen todos los RAW originales inalterados. Es decir, podemos utilizar el iPad sencillamente como un disco duro de viaje pero con un montón de opciones para editar y compartir rápidamente las imágenes mientras estamos fuera de casa.

Captura de pantalla 2010-05-31 a las 10.34.15.pngEn el caso de Lightroom la cosa varía. Como este programa te almacena las imágenes organizadas por carpetas (no existe el concepto de Proyecto), el tratamiento es más directo: simplemente aparecen todas las fotos agrupadas por fechas y si así lo deseamos se importaran en las tradicionales carpetas año/fecha/día

Conclusión

Si te gusta la fotografía y sobre todo, si te dedicas profesionalmente a ella, el iPad es una herramienta prácticamente imprescindible. Sigue quedando el fleco suelto del soporte desigual que ofrecen los distintos programas al formato RAW, sobre todo iWork y Mail. Esperemos que Apple trabaje sobre ello y les de al menos el mismo tipo de soporte que en la actualizad dan Twittelator o Filterstorm.